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16/04/2018

Los diccionarios árabes: ¿un suplicio para el usuario?

Si eres escritor, traductor o simplemente estás aprendiendo un idioma extranjero, el diccionario puede ser tu mejor aliado. De hecho, incluso un hablante nativo de un idioma determinado tiene que recurrir, en algún momento de su vida, al diccionario cuando se enfrenta a un término desconocido. Los diccionarios no solo ofrecen definiciones de términos, sino que también proporcionan al usuario detalles sobre la pronunciación de dicho término, su uso, su etimología y, a menudo, su traducción a un idioma preseleccionado. A primera vista, el diccionario parece ser una herramienta eficaz e intuitiva para el usuario. Sin embargo, cuando se trata de diccionarios árabes, este proceso puede resultar engañoso. Por lo general, los diccionarios están ordenados en orden alfabético. Esto significa que si nos enfrentamos a un término desconocido en inglés, español o francés, etc. lo único que tenemos que hacer es proceder a la búsqueda en la lista de términos que empiezan con la letra correspondiente. Si la palabra está en pasado, futuro o presente, el proceso no se ve afectado. Esto se debe a que las lenguas germánicas así como las romances gramaticalizan el término en cuestión mediante los sufijos.Por ejemplo, la conjugación del verbo francés « jouir» en primera, segunda y tercera persona es: «je jou is», «tu jou is» y «il jou it». Los sufijos utilizados para designar la persona gramatical sustituyen el final del verbo (en este caso, el « ir»). Esto le permite al lector identificar el infinitivo del verbo y, a pesar de las irregularidades en estos idiomas, el patrón sigue siendo algo fácil de comprender.
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En cambio, el idioma árabe está más inclinado al uso de prefijos para conjugar verbos. La regla general de buscar los términos por su letra inicial es intrínsecamente inválida. Por ejemplo, la conjugación del verbo « kataba» en primera, segunda y tercera persona es: « aktubu», « taktubu» y « yaktubu». Aparte del prefijo, la raíz del verbo también está ligeramente alterada. Es interesante señalar que un novato en el árabe podría ser muy consciente del significado del verbo básico «kataba», que significa «escribir». Sin embargo, cuando se enfrenta a este verbo en tercera persona, es posible que no consiga establecer ningún vínculo entre estos dos verbos. Para agravar el problema, el lector podría no ver con claridad que el término en cuestión es un verbo y, por lo tanto, trata de ejecutar una búsqueda en diccionario en vano. Para poner las cosas en perspectiva, la morfología árabe genera términos mediante una «balanza morfológica». Esto le puede ayudar al alumno a extraer la palabra de todos los afijos que se le atribuyen para «quitarle peso». En el contexto de diccionarios, la balanza morfológica tiene que ser usada como una guía para obtener la raíz de la palabra. Cuando se consigue esto, el alumno se queda con la raíz del verbo que le había causado incertidumbre. La forma pura del verbo suele ser el pasado, y esto le ayudará al alumno a realizar una búsqueda exitosa en el diccionario.